Las azoteas reciben radiación solar durante muchas horas y pueden convertirse en uno de los principales puntos de entrada de calor de una vivienda.
El problema suele notarse sobre todo en áticos y últimas plantas: por la tarde las habitaciones se calientan más, cuesta bajar la temperatura y el aire acondicionado tiene que trabajar durante más tiempo.
En Málaga y buena parte de Andalucía, donde la exposición solar es elevada durante gran parte del año, una cubierta con poco aislamiento puede marcar una diferencia clara en el confort interior.
Por qué una azotea transmite calor
La superficie de la cubierta se calienta por el sol y parte de esa energía atraviesa sus distintas capas hasta llegar al forjado y al interior.

Algunas señales habituales son:
- Mucho más calor en la última planta que en las inferiores.
- Techos calientes al final del día.
- Habitaciones que tardan horas en enfriarse.
- Aire acondicionado funcionando continuamente.
- Sensación de calor incluso cuando fuera empieza a refrescar.
Aumentar la climatización puede aliviar el problema, pero no evita que el calor siga entrando.
La primera solución es reducir la entrada de calor
La forma más eficaz de atacar el problema suele ser mejorar el comportamiento térmico de la cubierta. Hay varias soluciones posibles:
- Aislamiento mediante paneles rígidos.
- Sistemas de cubierta invertida.
- Aislamiento proyectado.
- Acabados o soluciones reflectantes.
- Rehabilitación completa cuando la cubierta está muy deteriorada.
La elección depende del tipo de azotea, de si es transitable, del aislamiento existente y del estado de la impermeabilización.
Aislamiento por el exterior
Cuando la cubierta está en buen estado, una posibilidad es incorporar el aislamiento por encima de la superficie existente.
La ventaja es sencilla: se intenta frenar el calor antes de que llegue al forjado. En algunos casos puede hacerse sin levantar completamente toda la azotea.
Espuma de poliuretano proyectada
Una de las soluciones posibles es crear una capa continua de aislamiento mediante espuma de poliuretano proyectada sobre un soporte compatible.
La espuma se adapta a la superficie, encuentros y pequeños cambios de geometría, por lo que puede resultar útil cuando interesa mantener la continuidad del aislamiento.
En aplicaciones exteriores debe protegerse adecuadamente frente al agua, la radiación solar y el uso de la cubierta. Una posible composición es:
Cubierta existente→Espuma proyectada→Membrana de protección
De esta forma puede actuarse tanto sobre la transmisión de calor como sobre la protección exterior de la cubierta.
¿Y si además hay goteras?
Antes de aislar hay que comprobar de dónde procede el agua. Las filtraciones pueden deberse a fisuras, juntas deterioradas, problemas en sumideros, encuentros mal resueltos o daños en la impermeabilización existente.
Si calor y filtraciones aparecen al mismo tiempo, puede estudiarse una solución conjunta de aislamiento e impermeabilización, pero primero debe revisarse el soporte.
No todas las azoteas necesitan la misma solución
Antes de actuar conviene comprobar:
- Estado del soporte.
- Humedad existente.
- Pendientes y desagües.
- Encuentros con petos y otros elementos.
- Si la azotea es transitable o solo se utiliza para mantenimiento.
Una terraza utilizada a diario necesita un acabado diferente de una cubierta prácticamente inaccesible.
En áticos y últimas plantas es donde más se nota
Si una vivienda situada bajo la azotea se calienta mucho más que las plantas inferiores, la cubierta debería estar entre los primeros elementos que se revisen.
En muchos edificios antiguos el aislamiento es escaso o responde a criterios constructivos diferentes de los actuales. Mejorarlo no elimina todas las fuentes de calor —también influyen ventanas, fachadas, orientación y ventilación—, pero puede reducir una de las entradas más importantes.
La idea es simple: si entra menos calor por la azotea, tendremos que combatir menos calor dentro de la vivienda.